Baile verbal: una entrevista con Ursula K. Le Guin


Baile verbal: una entrevista con Ursula K. Le Guin

En Los desposeídos, el filósofo Odo afirma: «El verdadero viaje es el regreso». ¿Qué relación tiene esta afirmación con tu vida en el momento en que la escribiste y qué relación tiene con tu vida actual?

Ursula K. Le Guin: No lo sé. Por supuesto, lo que escribo tiene su origen en mi vida y trato de ser sincera respecto a mis percepciones de la vida, pero no escribo para «expresarme». Mi ficción es experiencial pero no confesional. A decir verdad, rara vez tengo alguna idea de qué «relación» tiene lo que digo en mis libros conmigo personalmente. Una afirmación como «El verdadero viaje es el regreso» no es una conclusión razonada a la que se llega tras un tiempo de reflexión. Se trata de una experiencia no verbal expresada en palabras, dando por supuesto que es una experiencia compartida, que otras personas, al leer las palabras, podrían reconocer esa experiencia.

Hay un momento en Los desposeídos en el que Shevek, el protagonista, se da cuenta o acepta que su «propia función en el organismo social» es «derruir muros». ¿Hasta qué punto tu carrera como escritora ha consistido en un esfuerzo similar al de «derruir muros»?

Bueno, he derruido algunos. Unos exclusivamente en el ámbito de la literatura (intentando lograr que los críticos y profesores dejaran de marginar la literatura de género, en particular, la de ciencia ficción y la fantástica) y otros con una mayor intención social, como la decisión de hacer que la mayoría de mis protagonistas fueran personas de color, sin decir mucho al respecto, de forma que los lectores blancos tuvieran que imaginar su piel marrón si deseaban identificarse con mis personajes. También he escrito relatos polémicos y satíricos que tratan de forma bastante directa temas como la misoginia, la homofobia, la persecución y opresión doctrinaria, etc. Todo con el objetivo de derruir muros.

Ursula en una imagen de finales de los años setenta
Ursula en una imagen de finales de los años setenta

Mi metáfora para esto en mi obra es «dejar las puertas y ventanas abiertas». La casa que construyo en una historia tiene muros, de lo contrario no sería una casa, pero las puertas no están cerradas con llave y las ventanas no tienen las persianas bajadas. Construyo casas con muchas corrientes de aire. No es necesario el aire acondicionado porque el viento sopla en su interior y las atraviesa.


«¿Qué relación tiene el anarquismo con mi vida? Solo como libertad de la mente, de la imaginación»

En una entrevista anterior, describiste Los desposeídos como «una novela utópica anarquista. Sus ideas proceden de la tradición anarquista pacifista, Kropotkin, etc.». ¿Podrías hablarnos un poco más sobre los antecedentes/ideas/inspiraciones de la novela?

Necesitaría muchas horas para responder. Dediqué dos años a leer. Leí todos los libros anarquistas disponibles en Portland a principios de los 70. Eran muchos porque existían varias librerías universitarias y una tienda anarquista donde había textos que pueden conseguirse fácilmente ahora, pero en esa época no. Después de tanto tiempo, diría que probablemente mis mayores influencias fueron Kropotkin y los Goodman, en especial Communitas.

 ¿La cultura de la ciudad de Shantih en El ojo de la garza se inspiró en ideas y material de referencia similares?

 Sí. Pero más concretamente en Gandhi.

 ¿Cuándo descubriste el anarquismo? ¿Qué te atrajo hacia él?

 Tenía el germen de la historia en la cabeza pero no podía imaginar quién era mi protagonista, ese físico. Solo sabía que, de algún modo, no estaba de acuerdo con su sociedad. Empecé a leer utopías, las leí y eso me llevó hasta Gandhi. Entretanto, el debate de los biólogos sobre el altruismo frente al comportamiento egoísta me había guiado hasta los estudios de animales de Kropotkin y esto despertó en mí el deseo de leer más de Kropotkin. Quedé fascinada por toda la literatura pacifista-anarquista y me zambullí en ella. Hasta que, en un momento dado, se me ocurrió pensar: a) Nunca se ha escrito una novela utópica anarquista; b) ¡De eso trata la historia de mi físico!

Y así nació Los desposeídos.


«Si las personas que no lanzan ladrillos ni bombas, y no se visten de un modo extraño a propósito ni cuestionan ni atacan las ideas de los demás con agresividad, se identificaran a sí mismas, sencilla y claramente, como anarquistas, podría iniciarse entonces el cambio»


¿Cómo se ha desarrollado o cómo ha cambiado con el tiempo el anarquismo en relación con tu propia vida?

 No lo sé. Yo no puedo vivir una vida anarquista, y nunca pretendí hacerlo. Cuando leí sobre el anarquismo y me enamoré de él, era una mujer de mediana edad, un ama de casa de clase media con tres hijos y ningún deseo de ser ninguna otra cosa, siempre que pudiera escribir mis libros. ¿Qué relación tiene el anarquismo con mi vida? Solo como libertad de la mente, de la imaginación. La misma libertad que leer Lao Tzu me brindaba muchos años antes.

Ursula fotografiada en 1988 por Marian Wood Kolisch
Ursula fotografiada en 1988 por Marian Wood Kolisch


Con frecuencia se incluye Los desposeídos en listas de lecturas recomendadas anarquistas. Si tuvieras que crear tu propia lista de lecturas recomendadas, ¿qué obras incluirías?

Lo siento, pero estoy demasiado alejada de la literatura que conocía muy bien décadas atrás. Si intentara dar nombres, me dejaría la mitad de los más importantes. Y sin duda habrán surgido nuevos que ni siquiera conozco. Aunque, en mi opinión, Los desposeídos es la mejor descripción de una sociedad anarquista «en la práctica», la imaginación popular sigue describiendo a los anarquistas como personas que lanzan ladrillos y bombas. ¿Qué crees que debe hacerse para cambiar la percepción del anarquismo en la imaginación popular?

Si las personas que no lanzan ladrillos ni bombas, y no se visten de un modo extraño a propósito ni cuestionan ni atacan las ideas de los demás con agresividad, se identificaran a sí mismas, sencilla y claramente, como anarquistas, podría iniciarse entonces el cambio… De igual modo que muy, muy despacio, la percepción de las feministas como mujeres que odian a los hombres y queman sujetadores ha tenido que cambiar y desaparecer cuando mujeres corrientes, esposas, madres, abuelas, están dispuestas a identificarse como feministas. Pero es un proceso tan lento. ¡Se requiere tanto tiempo!

Solía encogérseme el corazón cuando un pequeño grupo de anarquistas autoproclamados se unían a una de las manifestaciones contrarias a la guerra o a la homofobia en Portland. Eran agresivos, hipócritas y no aceptaban la voluntad de la mayoría de los manifestantes en temas como no hacer enfadar a la policía y pedir represalias. Siempre eran ellos los que aparecían en las fotografías de los periódicos porque personificaban el estereotipo negativo.

Nos enfrentamos a algo un tanto nuevo: los medios de comunicación religiosos, de derechas y reaccionarios. Cuando «liberal» se ha convertido en una palabra que se enseña a temer a los niños, ¿cómo vas a hacer que el anarquismo sea aceptable?

En alguna ocasión, has hablado del proceso continuo que ha supuesto para ti aprender a escribir como una mujer. Incluso describiste al narrador masculino de La mano izquierda de la oscuridad como «una extensión deliberada del autor para los lectores varones que (o eso pensaba yo en ese momento) rechazarían un personaje central andrógino, especialmente en un libro escrito por una mujer». ¿Podrías explicar qué significa «escribir como una mujer»?

Me temo que no puedo, porque cada mujer escribe como una mujer a su propio modo. De hecho, creo que somos más variadas y menos predecibles en diversos aspectos que los escritores varones. Una breve descripción de mis principales fases en el proceso sería:

1. Leer a Virginia Woolf.

2. Leer a las nuevas escritoras feministas de los años 60, 70 y posteriores.

3. Leer poesía y ficción escritas por mujeres.

4. Pensar en los motivos que me llevaron a creer que debía escribir como los hombres y sobre los temas que ellos lo hacen.

5. Pensar seriamente: si no hago eso, entonces, ¿sobre qué escribo?

6. Volver a leer a Virginia Woolf.

7. Probar suerte.

8. ¡Bien! ¡Funciona!

Imagina por un momento que estuvieras escribiendo La mano izquierda de la oscuridad hoy en día, ¿qué diferencias habría respecto a la novela que escribiste hace 40 años?

Bueno, obviamente, podría beneficiarme de los 40 años que otras personas han pasado pensando y cuestionando la construcción del género, algo de lo que no se había dicho ni una palabra cuando escribí el libro. Sería un clima tan diferente a la casi total ausencia de tales pensamientos y debate cuando escribí el libro que soy incapaz de imaginar la situación. ¿Por qué escribiría un libro así ahora? Lo importante fue escribirlo entonces.

En la introducción para la reedición de 1976 de La mano izquierda de la oscuridad, comentas que «la verdad nace de la imaginación». Esto me recuerda a dos afirmaciones que Kurt Vonnegut hizo en Cuna de gato: «En este libro nada es cierto», y más tarde «Todas las cosas ciertas que voy a decirles son mentiras descaradas». ¿La ficción, o todo el arte en realidad, está diciendo la verdad en forma de mentiras agradables?

Podría decirse que sí. Aunque las mentiras no son siempre agradables ni la verdad cierta. Borges tiene cosas aún más interesantes que decir sobre este tema que Vonnegut.

En tu última novela, Lavinia, el personaje que le da título es un personaje secundario sin ningún texto en el poema épico de Virgilio, La Eneida. ¿Puedes explicar un poco cómo ha sido la experiencia de crear una voz para este personaje? ¿Es cierto que aprendiste latín para leer a Virgilio en su idioma original?

Lavinia empezó a «hablarme» antes de que acabara mi muy lenta lectura de La Eneida. Me refiero a que empecé a pensar en ella: ¿Quién era? ¿Qué opinaba sobre tener que casarse con ese extranjero? ¿Cómo era su vida, la de la hija de un rey en la Edad de Bronce en esa parte de Italia? Ella hizo lo que los personajes de las novelas hacen cuando empiezan a cobrar vida en la mente de uno. Estaba ahí todo el tiempo. (Shevek, de Los desposeídos, estuvo en silencio en mi mente durante aproximadamente tres años, esperando). En cuanto le pedí a Lavinia que me hablara de sí misma, empezó a hacerlo, con su propia voz, de ahí el uso de la narración en primera persona. Me limité a escuchar y a escribir. (Vale, lo admito, también investigué un poco sobre la época). Respecto al latín, había estudiado en el instituto y luego en la universidad, pero no lo suficiente para leer a Virgilio, que no es sencillo. Deseaba leerlo en latín. Se puede decir que es uno de esos poetas que tienes que leer en su propia lengua. Con mis más de 70 años, estaba claro que era una cuestión de ahora o nunca. Así que saqué mis viejas gramáticas y memoricé todas esas condenadas declinaciones y conjugaciones de nuevo. Mereció la pena.

Gracias por el tango, un abrazo. Ursula

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