Vivo Una nueva aventura

Araceli Bellota cuenta la historia del espionaje en la Argentina

La historiadora Araceli Bellotta se refirió en su columna en Una Nueva Aventura sobre la investigación de la Justicia acerca de la denuncia contra el espionaje ilegal que el gobierno de Macri llevó a cabo al vigilar los mails de 100 personas entre oficialistas y opositores, entre los cuales se encuentra Bellotta. “Se deben haber aburrido mucho con mis mails”, bromeó.

Bellota, además, hizo un repaso sobre la historia del espionaje en nuestro país. “San Martín se fue de la Argentina porque lo espiaban. Se recluyó en su chacra de Mendoza, Rivadavia lo había cercado de espías que le abrían la correspondencia. Él le dice a O’ Higgins que vio claramente que era imposible vivir en su patria y por eso se va a Europa”, contó.

“Durante la guerra civil entre unitarios y federales era tanta la cuestión de la correspondencia que escribían en clave”, agregó y explicó que en 1853 la Constitución incluyo la inviolabilidad de la correspondencia, aunque con la llegada del telégrafo,  se dio un “festival del espía”, según Bellotta.

Más cerca en el tiempo, Bellotta explicó que “Cristina creó la AFI, que disponía que las escuchas telefónicas sean del Ministerio Público Fiscal, un organismo independiente; y lo primero que hizo Macri fue sacar las escuchas de ahí y pasarlas a la Corte Suprema. Lo metió en el corazón de la Justicia y acá tenemos las consecuencias”, subrayó.

Pacho O’ Donnell y el golpe del ’55

En el trigésimo cuarto programa de “Idas y Vueltas”, Pacho O’ Donnell recordó el golpe de septiembre de 1955. Detalló algunas de sus medidas antipopulares y enumeró varias de sus desastrosas consecuencias.

El golpe de Estado en Argentina de septiembre de 1955 fue una sublevación cívico-militar que derrocó al gobierno constitucional encabezado por el presidente Juan Domingo Perón y estableció una dictadura cívico-militar encabezada por el general Eduardo Lonardi que se autodenominó “Revolución Libertadora”. En el transcurso del mismo fueron asesinadas al menos 156 personas.

La cura a través de los años

En el vigésimo noveno programa de  “Idas y Vueltas“, Pacho O’Donnell reconstruyó las prácticas y costumbres de nuestros antepasados a la hora de curar enfermedades. Algunos métodos son, sencillamente, de no creer.

“Para el dolor de muela dolorida,  Sir Kenelm Digby en 1638 decía: tome una aguja extraordinaria y húrguese con ella la encía, cerca de la muela, hasta hacerla sangrar. Hecho esto, clave la aguja llena de sangre en una viga de madera sobre su cabeza, y el dolor desaparecerá como por encanto”. 

ATENTADOS Y CRÍMENES POLÍTICOS EN ARGENTINA DEL SIGLO XIX

A raíz de las repercusiones del documental sobre Nisman en Netflix, el politólogo Pablo Vazquez realizó su columna en “Las 40” sobre los atentados y asesinatos políticos ocurridos en Argentina en el siglo XIX.

“En el documental se habló que la muerte de Nisman fue un magnicidio. En términos de ciencias políticas es una locura. El término se utiliza para los presidentes en ejercicio que mueren en un atentado”. Hecha está aclaración, Vazquez desarrolló su columna sobre casos reales de magnicidio en Argentina.

El origen del Patrono de Buenos Aires

En el trigésimo programa de “Idas y Vueltas”, Pacho O’Donnell revela cómo San Martín de Tours se convirtió en el patrono de la Ciudad de Buenos Aires.

La tradición sostiene que fue elegido el 20 de octubre de 1580 en un rancho situado donde ahora está el Cabildo. Ese día debía definirse por sorteo quién sería el santo patrono de la ciudad. El gobernador Juan de Garay, el alcalde Rodrigo Ortiz de Zárate, el escribano Pedro Fernández y los vecinos Hernando de Mendoza, Pedro de Quirós, Diego de Olavarrieta, Antonio Bermúdez, Luis Gaytán y Alonso de Escobar participaron en el acto.


Siguiendo las normas burocráticas comunes a todas las colonias, echaron los trozos de pergamino con los nombres de los santos en el casco de un arcabucero. Pero cuando el azar les ofreció el nombre de San Martín de Tours, la decepción fue general. La poca simpatía que despertaba el santo, no por su persona sino por su nacionalidad francesa, fue motivo suficiente para que se impugnara la elección. El nombre del santo volvió al casco. Se inició otro sorteo. El escribano Fernández leyó la papeleta con el nuevo resultado. ¡Una vez más, San Martín de Tours!


Con apuro y sin culpa, devolvieron a San Martín al improvisado bolillero. Pero, como suele ocurrir, no hubo dos sin tres: el papel con el nombre de San Martín de Tours volvió a salir y, con resignación y fastidio, acataron una decisión que, por lo visto, sonaba a mandato del cielo.

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